Bannon, el “Rasputín” de Trump III

ESTIMADOS LECTORES:


+Los hombres están

caminando hacia la catástrofe

7ª. Profecía de Rasputín
Bannon, el poder tras el trono de Trump

Ya saben ustedes cómo el dinero y el fanatismo se combinaron para llevar a Donald Trump a la Oficina Oval. Ahora conocerán las maravillas de la informática y la estrategia utilizadas para adueñarse del horror…

La asociación entre Steve Bannon y Robert Mercer (que le platiqué ayer) fue redituable. Su portal de noticias, Breibart “ha sido muy exitoso; ocupa el lugar 29 de popularidad en EUA con dos mil millones de visitas al año, por encima de su rival a vencer: Huffington Post”, reporta The Observer. Toda una victoria, ya que el objetivo de Breibart es, para Bannon, “recuperar la cultura estadounidense”.

Ahora pasemos a la sinuosa historia de cómo la informática se unió a la estrategia.

En febrero de 2014, según The Wall Street Journal en su edición del 8 de enero de 2017, se reunió en Nueva York un grupo de donantes para la causa conservadora, a discutir su estrategia hacia las elecciones presidenciales estadunidenses. ¿Qué se dijeron? No lo sabemos, pero dejaron pistas y aquí es donde vuelvo, estimado lector, a la relación de la informática con la estrategia.

Robert Mercer tiene, también, acciones en una pequeña compañía -describe Carole Cadwalladr[1] en un reportaje para The Observer- llamada Cambridge Analytica, subsidiaria estadounidense de la británica Strategic Communication Laboratories (SCL Group). Luego volveremos a los vínculos con  el Reino Unido, porque le aseguro que los tentáculos de Mercer y Bannon llegan muy lejos.

Cambridge Analytica  ofrece a sus clientes “tomar las riendas del poder que CA le ofrece a través de las más avanzadas e innovadoras técnicas de segmentación de públicos, disponibles en su catálogo único de Modelos de Datos. Desde la afiliación de votantes y apoyo a causas, hasta el comportamiento y perfil del consumidor podemos ayudarle a tener una perspectiva sobre sus públicos objetivo que sea más susceptible de procesar”[2].

El producto estrella de Cambridge Analytica son las “operaciones de mensaje e información, pero lo cierto es que en círculos militares se conocen como operaciones psicológicas o psyops; se trata de propaganda masiva que actúa sobre las emociones de las personas”, revela  Cadwalladr. Si está esperando que le cuente si Cambridge Analytica colaboró en la campaña de Trump, pues así fue.

Y aquí surge una pregunta de miedo: ¿cómo construye Cambridge Analytica esos perfiles?  De entrada, su modelo se parece mucho -demasiado diría Michal Kosinski- al  modelo desarrollado por la institución que dirigió, el Centro Psicométrico de la Universidad de Cambridge. La diferencia es que el equipo de Kosinski en el Centro  hizo una investigación con fines científicos; desarrolló la aplicación MyPersonality que los usuarios de Facebook contestaron voluntariamente y recibieron a cambio su perfil psicológico. El volumen de información recibido fue enorme; estas macrobases de datos gerorreferenciados y correlacionados,  es lo que se conoce como big data[3]. De acuerdo con la entrevista de Kosinski concedida a Motherboard, poco a poco fue perfeccionando su modelo a partir de los “likes” que la gente da a lo difundido en Facebook. “Con 70 likes, podemos descifrar lo que los amigos del usuario saben de él; con 150 lo que saben sus padres; con 300 likes lo que sabe su pareja. Si tenemos más likes podemos perfilar a esa persona mejor de lo que ella misma se conoce”.  A partir de esta investigación, los datos que uno proporciona en Facebook se volvieron privados, a menos de que usted permita el acceso a los suyos.

El punto interesante es que estos modelos de big data también funcionan en sentido contrario. Lo que Kosinski inventó es una máquina para buscar personas con determinado perfil, por lo que en diversos foros académicos advirtió que la recolección y posesión de big data “podría devenir en una amenaza para una persona en cuanto a su bienestar y libertad”, si alguien abusaba de ellos. Casi nadie le prestó atención.

Para luego es tarde, diríamos en México. SCL Group quiso comprar el modelo de Kosinski presentándose como “la agencia número uno en el manejo de elecciones. Su foco principal: influir en ellas”. Kosinski se negó, pero eso no detuvo a SCL. La empresa británica (y para el caso, Cambridge Analytica) contrató a un colaborador de Kosinski para que diseñara un modelo de datos similar.

En junio de 2016, Cambridge Analytica fue contratada por Donald Trump; previamente había trabajado con Ted Cruz, la primera opción de  Robert Mercer para la Presidencia de EUA.  El propio director de Cambridge Analytica, Alexander Nix, presumió el papel tan importante que desempeñaban en las elecciones de EUA. “Hemos conformado un modelo que predice la personalidad de cada uno de los adultos de Estados Unidos”; y es que en ese país es legal comprar las bases de datos personales que cualquier compañía o institución tengan en su poder. Cambridge Analytica los combina con datos electorales y listo: “Los datos personales (las huellas informáticas que la gente va dejando atrás)  de pronto arrojaron los perfiles de la gente con sus miedos, sus gustos, sus intereses y su dirección”, explica Motherboard.

Aquí emergen dos hechos que nos ponen los pelos de punta: “la manipulación de la información a nivel masivo y la manipulación de la información a nivel individual. Ambas están basadas en el último avance científico sobre la comprensión de cómo funciona la gente y permitiendo que las plataformas tecnológicas las acerquen”, concluye Carole Cadwalladr. “¿Estamos viviendo en una nueva era de la propaganda? ¿Una que no podemos ver y que funciona sobre nosotros en formas que no podemos entender? ¿Una en la que sólo reaccionamos emocionalmente ante sus mensajes?”

Definitivamente sí.

… Y todavía no le cuento sobre los robots…

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[1] Periodista y escritora nacida en 1969. Trabajó como reportera en The Daily Telegraph y actualmente tiene una columna en The Observer, la edición dominical de The Guardian. The Observer es socialdemócrata, pero más cercano a la derecha que The Guardian.   Carole Cadwalladr ha sido finalista en dos ocasiones del British Press Award. Su primera novela, The family tree (2006), fue finalista en el Commonwealth Writer’s Prize y traducida a varios idiomas; también fue reconocida como una gran obra por The New York Times Book Review.

 

[2] Cambridge Analytica, https://cambridgeanalytica.org/products página oficial consultada el 9 de marzo a las 22:10 horas.

[3] The Data That Turned de World Upside Down.  Hannes Grassemgger and Michael Krogerus. Motherboard. https://motherboard.vice.com/en_us/article/how-our-likes-helped-trump-win consultado el 10 de marzo de 2017 a las 12:38 horas.

 

 

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