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Columnas

Marcelino y Rosa Luz

LIC. JORGE DE LA VEGA DOMÍNGUEZ,

DIALOGANTE DEL GOBIERNO CON EL CNH/1968:

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+El hecho de ser habitados por

una nostalgia sería el indicio

de que hay un más allá

Eugene Ionesco

 


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Usted los escuchó, seguramente, discutir, atacando y defendiendo posiciones en las pláticas que tuvieron durante aquellos azarosos días de julio a octubre de 1968, cuando hacía historia el Consejo Nacional de Huelga del movimiento estudiantil.

Yo los escuché en diversas asambleas y desde entonces, cuando se me viene a la cabeza la idea de un joven superdotado, siempre surgen los rostros de ellos.

Todos, estudiantes y periodistas, les respetábamos su claridad de pensamiento. Siempre que había un encuentro de interpretaciones sobre el desarrollo del conflicto, alguno de ellos tomaba el micrófono y en cuestión de escasos minutos resolvía las discusiones.

Además, corrió la especie que nunca nadie desmintió, de que eran novios, compañeros incluso de carrera en la Facultad de Ciencias de la UNAM y sabían liderar a las multitudes estudiantiles en cualquier momento de ofuscación o, por el contrario, encenderles las mechas y lanzarlos a confrontar a los policías y hasta a los soldados.

Incluso, por diversas pero siempre buenas razones, hubo quien los propuso como el emblema humano del tsunami estudiantil que se levantó a mediados de julio y se hundió al inicio de octubre de aquel año que cambió al país.

La noche en que las fuerzas armadas tomaron Ciudad Universitaria, pocos fueron —estudiantes, maestros, directivos— los que lograron escapar y entre ellos destacó Rosa Luz Alegría, casi a carrera limpia y empujando una silla de ruedas ocupada por Marcelino Perelló, quien sufría entonces de una malformación en los pies y difícilmente soportaba caminatas largas. Salieron de la Universidad, pero después ya no lo hicieron del(os) escondite(s) donde quedaron en calidad de prófugos, según los mandos policiales de la época, hasta el día en que Marcelino logró una ruta de escape del país y Rosa Luz retornó a la casa materna.

Pero cada uno de ellos, como prácticamente todos los demás que participaron en esa historia, quiérase que no, quedaron atrapados en la red del evento aquél cuyo nacimiento, desarrollo y muerte marcaron sus vidas con una huella tan profunda que nunca lograron borrarla. Rosa Luz modificó su vida de tal manera que, desaparecido Marcelino del mapa nacional, ella volteó su mirada hacia el poder que había combatido, de tal manera que tiempo más tarde contrajo nupcias con el hijo mayor de Luis Echeverría; tuvo cargos interesantes en esa administración; participó intensamente en la campaña presidencial de José López Portillo, luego en su gobierno y desde antes en su vida…

Marcelino pudo haber escalado alturas de envidia por su capacidad, que rebasaba mucho más del término medio, y si no estuvo en una cárcel institucional, se quedó trabado en la suya propia, condenado a perpetuidad como un rebelde con muchas causas en su aherrojado cerebro.

 

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Marcelino Perelló

Lo mismo sucedió al resto de los líderes principales y quién sabe de cuántos lugartenientes, desde los que fueron siempre leales a la memoria del ‘68 como los que pasaron a la historia como desleales… Pero todos lo convirtieron en su medio de sobrevivencia.

Y fue una pena. Pudieron construirse otra historia pero se dejaron enredar por el síndrome del Consejo Nacional de Huelga y construyeron sus propias estatuas de sal.

Internet:  m760531@hotmail.com

Facebook: Leopoldo Mendívil

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Blog: leopoldomendivil.com

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