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Piñera gana las elecciones en Chile con una diferencia clara de nueve puntos

By: El País

Dos funcionarios preparan las urnas para la segunda vuelta electoral. E. F. (AP) / ATLAS

El expresidente derechista Sebastián Piñera logró una victoria muy clara sobre el socialdemócrata Alejandro Guillier y será de nuevo presidente de Chile por cuatro años. Más de nueve puntos de diferencia, muy por encima de lo esperado. El progresista, que no logró atraerse a ese 20% de chilenos que apoyaron en primera vuelta al izquierdista Frente Amplio,admitió que era una «derrota muy dura» y llamó a «reconstruir el progresismo». Guillier perdió incluso en su región, Antofagasta. Esta victoria consolida en Chile el giro liberal de la región que arrancó en 2015 en Argentina con la victoria de Mauricio Macri, fiel apoyo de Piñera, tanto que incluso provocó una gran tensión diplomática al respaldarle abiertamente en plena campaña.

Guillier trató de convertir la elección en un plebiscito a Piñera, uno de los hombres más ricos del país, y movilizar el voto anti-derecha, pero no lo logró. Las encuestas, que apuntaban un empate técnico, volvieron a fallar. «Felicito a Piñera por su impecable y macizo triunfo. Debemos aprender la lección, reconstruir una opción solidaria, basada en la igualdad de oportunidades. Hemos sufrido una derrota dura, hay que ser autocríticos. Tenemos que salir a defender las reformas en las que creemos. Vamos a hacer una oposición constructiva, debemos renovar nuestros liderazgos, olvidarnos de tantos palacios, ir a las juntas de vecinos. Me comprometo a trabajar por la unidad y renovación del progresismo. Es una noche triste pero saldremos fortalecidos» clamó rodeado de su familia, sin ningún dirigente de su partido que lo respaldara.

Chile debatía si hacía un giro a la derecha con Piñera o se mantenía con Guillier en el eje de centro izquierda en el que se colocó con Michelle Bachelet hace cuatro años, y que ha dominado casi toda la etapa democrática reciente de este país. Pero lo cierto es que el cambio no será radical en ninguno de los dos casos. Incluso Piñera, en la recta final, ha aceptado indirectamente la polémica gratuidad de la educación universitaria que promovió Bachelet. Piñera, que no tiene mayoría en el Parlamento, necesita acercarse a diputados progresistas moderados para sacar adelante sus leyes, y eso garantiza un giro tranquilo. La moderación final del expresidente en la recta final de la campaña parece haber tenido un muy buen resultado en las clases medias.

Con Guillier habría profundización de las reformas progresistas de Bachelet, con Piñera habrá frenazo y replanteamiento, pero es difícil imaginar una marcha atrás radical ni siquiera en una ley tan polémica para la derecha como la despenalización parcial del aborto, aprobada por Bachelet en la recta final de su mandato. Lo más probable es que Piñera no de un paso más en derechos civiles ni en reformas progresistas pero es difícil imaginar un fuerte retroceso. No tiene fuerza política para hacerlo ni ganas de meterse en ese avispero.

Lo suyo es la economía, las bajadas de impuestos –tampoco radicales, no tiene margen por el déficit fiscal- y medidas a favor de las empresas para dinamizar la economía. Chile tiene cifras envidiables en el entorno latinoamericano -1,5% de déficit y 25% de deuda- pero altas para su línea tradicional de equilibrio fiscal. Así que con cualquiera de los dos presidentes se espera un cambio tranquilo, no un giro radical.

Todo indica que Guillier no logró la movilización que necesitaba en el voto de izquierda y de protesta que respaldó al Frente Amplio en la primera vuelta. El periodista que dio el salto a la política necesitaba el respaldo de todos los votantes del izquierdista Frente Amplio para revertir los resultados de la primera vuelta, en la que Piñera le sacó 15 puntos de distancia. Y los niveles de participación, más bajos que en primera vuelta, indican que muchos de esos prefirieron quedarse en casa antes que votar a un candidato de corte socialdemócrata y permitieron así la victoria de Piñera.

Pese al dramatismo de la recta final de campaña, con una tensión política muy fuerte para el tranquilo Chile, ambos candidatos mostraron un tono conciliador en la jornada electoral. Se conocen bien, tanto que trabajaron juntos, cuando Piñera contrató a Guillier como periodista estrella de su televisión. Los dos lanzaron saludos para su rival y se comprometieron a llamarlo inmediatamente para reconocer la victoria. «Las diferencias no nos convierten en enemigos. Quiero saludar a Alejandro Guillier, le tengo aprecio, trabajamos juntos en el pasado. También espero que sigamos trabajando juntos en el futuro”, aseguró Piñera. «Vamos a ganar por una diferencia clara, estrecha pero clara. Quiero enviar un abrazo fraternal a todos los chilenos y chilenas, incluyendo al abanderado del sector oposición”, remató Guillier.

El Frente Amplio tiene un gran protagonismo en esta segunda vuelta, mucho mayor del que logró en la primera, porque su 20% es decisivo. Y eso hizo que en el día de las elecciones se generara incluso más interés mediático y entusiasmo ciudadano en la votación de Beatriz Sánchez, la periodista que sorprendió a todos y dejó en ridículo a las encuestas cuando estuvo muy cerca de colarse en la segunda vuelta como candidata del Frente Amplio. En sus declaraciones, Sánchez mostró las dificultades que iba a tener Guillier para llevarse a todos los votantes de la formación que representa, situada a la izquierda del cabeza de cartel socialdemócrata. Ella ha dicho que votará por el candidato progresista, pero dejó muy clara la distancia de su grupo con él.

“Nosotros, como Frente Amplio, nos hemos instalado como proyecto de país, vamos a hacer oposición a cualquiera de los candidatos.. No vamos a participar del Gobierno. No vamos a establecer una negociación. Nos planteamos como oposición al que salga. Yo he dicho por quién voy a votar [por Guillier] pero las personas son dueños de sus votos. No me siento poseedora de los votos de nadie. No he hecho un llamado a votar”, insistió.

Esa distancia que muestra el Frente Amplio por Guillier, a pesar de que todos sus dirigentes importantes han dicho en el último momento que le van a votar, contrasta con el voto de la derecha, que está totalmente unido con Piñera. Tanto es así que el candidato a la derecha del expresidente, José Antonio Kast, un ultracatólico pinochetista, no solo pidió el voto abiertamente desde el primer minuto para Piñera sino que se fue a una mesa electoral a hacer de interventor a favor del expresidente como un gesto más para agrupar todos los votos frente a la disgregada izquierda.

La participación de Kast generó los únicos momentos tensos de una jornada muy tranquila, como es habitual en Chile. Algunos ciudadanos increparon al dirigente derechista que tuvo que ser protegido por las fuerzas del orden en el colegio electoral del Estadio Nacional, en Santiago. Los gritos y la tensión siguieron más de una hora pero los agentes impidieron que llegaran a las manos. Kast se mantenía firme en su silla mientras lo increpaban.

En los últimos días incluso se ha tratado de instalar en los votantes de derecha el miedo a una victoria de Guillier, apoyado por el Frente Amplio, con el término “Chilezuela” —una mezcla entre Chile y Venezuela— por el temor a que Chile entre en una deriva bolivariana. Es algo tan irreal en un país donde incluso el intento de Michelle Bachelet de hacer gratuita la educación universitaria ha tenido enorme resistencias, que fue objeto de burla. “Lo de Chilezuela es ridículo, quedará como un punto de humor de esta campaña”, se rió Sánchez. Nada es tan dramático en Chile como suele serlo en sus vecinos latinoamericanos, ni siquiera la política.

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