¿Por quién votar en 2018?

By: HuffPost

GALO CAÑAS /CUARTOSCURO.COM
Hugo Eric Flores Cervantes, presidente nacional del Partido Encuentro Social, y Andrés Manuel López Obrador, precandidato a la presidencia por Morena, durante su registro para contender en coalición en las elecciones de 2018 por el Partido Encuentro Social (PES).

Como cada seis años, escuchamos a los candidatos presidenciales decir que se trata de un momento histórico. Que ahora sí, México depende del instante decisivo en que los mexicanos tumultuosos vayamos a las urnas. Se juega, dicen todos, por una visión del pasado y una perspectiva del futuro. Apostamos en esta elección el porvenir de nuestra sociedad. Con distintos matices, todos los candidatos plantean lo mismo.

Una elección como la que se avecina es esquizofrénica. Los partidos se han desdibujado como acuarelas bajo el agua. Quizás se puede ver aún la imagen y los colores, pero son turbios y diluidos. Como ciudadanos y electores, ya no está muy clara la línea tenue que dividía las ideologías y la esencia de los partidos. Hasta hace muy poco, cuando menos intuíamos un poco las prioridades y políticas futuras de las agrupaciones políticas. Ahora es todo, menos claro.

No que las alianzas sean malas por sí mismas. Al contrario, son mecanismos bastante comunes en distintos regímenes democráticos. Se trata de reunir maquinarias partidistas con la finalidad de ser competitivo. Es decir, sumar estructuras, recursos y prerrogativas que les otorgan mayores posibilidades de ganar. No hay nada de malo en ello. Sin embargo, la congruencia de estas alianzas no es su signo distintivo. Al contrario, es su falta de congruencia lo que destaca en este proceso electoral.

Esta elección será solo histórica porque quien gane aparecerá en los libros de texto de historia y política, nada más.

El PAN se alió con el PRD y MC, bajo el signo de la coalición Por México al Frente. Esta coalición se dio gracias al enorme pragmatismo de los dirigentes de los partidos. No podría ser de otra forma. Nada más es cosa de recordar las enormes diferencias históricas que los han dividido. Ya no se diga en tiempos de López Obrador o la toma de protesta de Calderón (muchos de los integrantes del Frente tomaron la tribuna para que un presidente del PAN no pudiera rendir su protesta), sino recientemente con las reformas estructurales. Este Frente se diluye por sí mismo. Si alguien eligiera votar por esta alternativa, ¿por quien lo hará?, ¿bajo que signo ideológico?

MORENA se alió con el PT y con el PES. Otra estrategia pragmática de suma de recursos económicos. El caso es que el último partido representa valores cristianos de extrema derecha que, según dicen los rumores, su verdadero dueño es el hoy resentido secretario de Gobernación. Si la forma es fondo, como en política lo es casi siempre, López Obrador no tiene ningún reparo en consolidarse como el candidato conservador, lo que provoca un corto circuito en su potencial electorado.

El PRI, junto con el PVEM y PANAL, eligió al técnico de la década. Lo destacable (y su fuera priista, preocupante) es que no existió un solo priista, ya no de cepa, cuando menos afiliado, que cumpliera con los requisitos para ser candidato. Es de los tres candidatos, el menos institucional, por cuanto a vida partidista se refiere. La estrategia parece clara. Tan malos números tiene el PRI que optaron por un fuereño que les diera un respiro. Su gran predicamento es y será, combinar su supuesta independencia, con la defensa del gobierno que sale y el propio PRI.

Así que tenemos un candidato de derecha, que representa a la izquierda; uno de izquierda, que es postulado por el partido más conservador, propio de la derecha; y, un apartidista, como candidato del partido más institucional de todos.

Pareciera ser que da igual quien gane. Tantos intereses entremezclados en las propuestas políticas, que más que con la cabeza, no queda otra que votar con el sentimiento que provoque cada candidato, con el dedo al aire. Cada uno se presentará como el más honesto y el más capaz, el verdadero hombre que el país necesita para deshacernos de las rémoras que nos impiden nadar en ese río enturbiado por los mismos partidos. Los otros serán siempre un enorme peligro para el futuro de México.

Sin duda hay un futuro pero, ¿qué tan diferente o mejor será con las opciones que tenemos para el 2018? Continuar por donde vamos, que es lo que representan el PRI y el Frente. O cambiar de rumbo, como pareciera ser la propuesta de MORENA. El predicamento con este último es que al parecer, su propuesta de cambio, es regresar en el tiempo unos 50 años.

Así que esta elección será solo histórica porque quien gane aparecerá en los libros de texto de historia y política, nada más. Pero es desesperanzador y preocupante que nuestras alternativas sean esas. Regresar 50 años en el tiempo populista o seguir por donde vamos, que no va bien. No hay excepcionalidad en los candidatos ni en sus propuestas políticas. Ninguno parece haber articulado una propuesta real y sólida para el futuro de México, salvo alguna que otra arenga cívica.

No es verdaderamente histórica esta elección, porque para ello se necesitaría de una verdadera transformación de México. Con toda la premura que esto significa, el siguiente sexenio será de transición. De asumir las muchas crisis por las que atravesamos (los candidatos son muestra de ello) y comenzar a trabajar en su solución. Si el próximo sexenio es relevante, será porque la sociedad asuma su responsabilidad histórica, sea quien sea el próximo presidente.

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