Trump enmienda a su equipo y vuelve a la carga con el muro y México

By: El País

El presidente, pese a señalar que su propuesta no ha “evolucionado ni cambiado”, admite ahora la financiación indirecta de la obra a través del TLC. México reitera que no pagará ninguna divisoria.

El jefe de gabinete de la Casa Blanca, John Kelly, en la entrevista en la Fox. CAROLYN KASTER (AP) / ATLAS

“El muro es el muro”. Donald Trump resumió con cinco palabras su visión geopolítica con México. En uno de sus arranques matinales, el presidente de EEUU enmendó a su jefe de gabinete, el general John Kelly, y dejó claro que su propuesta no “ha cambiado ni evolucionado”, llamó a México “el país más peligroso del mundo” y reafirmó que el muro deberá ser pagado por el país vecino. Un vendaval tuitero que, como siempre ocurre en el doble juego de Trump, admitía la posibilidad de que la financiación de la obra se diluya con la mejora de la balanza comercial que se negocia en el Tratado de Libre Comercio con América del Norte (TLC).

En el Gobierno estadounidense, el general Kelly es la otra cara de la moneda. Cuando Trump se desborda, él calla; y cuando el presidente calla, él explica. Eso hizo el miércoles en una aparición televisiva en la cadena Fox y en una reunión con legisladores demócratas. En ambos casos señaló que México no iba a pagar directamente por el muro fronterizo, que los dreamers (soñadores) tenían posibilidades de quedarse en Estados Unidos y que el presidente estuvo “mal informado” en los comicios y “ha evolucionado” en temas de migración. “Una cosa es hacer campaña y otra es gobernar. Es muy difícil”, remachó Kelly.

Las inhabituales palabras del jefe de gabinete marcaban una línea de contención en la espinosa cuestión migratoria y, sobre todo, suponían una corrección al presidente, algo que indicaba hasta qué punto ha aumentado su influencia antiguo y carismático general de marines. Kelly fue aupado al puesto tras un corto pero fulgurante desempeño en la cartera de Seguridad Nacional. Ahí se mostró implacable con las deportaciones y puso en práctica la política antimigratoria de Trump. Ganada su confianza, entró en julio como jefe de gabinete, una especie de primer ministro palaciego, en sustitución del republicano, Reince Priebus, cuya caótica gestión de la Casa Blanca y sus diferencias con la línea dura le costaron el puesto.

Una vez nombrado, su principal tarea ha consistido en crear y mantener un ecosistema normalizado alrededor del volcánico Trump. Ha puesto orden a las visitas y ha participado en la liquidación de figuras chirriantes como el antiguo estratega jefe, Steve Bannon, y el efímero director de Comunicaciones, Anthony Scaramucci. Estabilizada la Casa Blanca, poco a poco, ha ido prodigando sus apariciones. Una de las más importantes la tuvo el miércoles y en ella osó contradecir al presidente. O al menos, señalar que su opinión había cambiado. Algo que este hasta la fecha nunca ha aceptado.

Antes de que amaneciese en Washington, Trump se lo hizo saber. A él y al planeta. En tres tuits, el presidente dejó claro quién manda en la Casa Blanca.

“El muro es el muro y nunca ha cambiado o evolucionado desde que lo concebí […] y deberá ser pagado, directa o indirectamente o a través de reembolso a largo plazo por México, que tiene un superávit comercial de 71.000 millones de dólares con Estados Unidos. El muro de 20.000 millones de dólares no es nada comparado con lo que México obtiene del NAFTA [Tratado de Libre Comercio de América del Norte en sus siglas en inglés]”, afirmó el presidente. “Necesitamos el muro por la seguridad de nuestro país. Necesitamos el muro para frenar la entrada masiva de drogas desde México, considerado ahora como el país más peligroso del mundo. Si no hay muro, no hay trato”, remachó.

A estas humillantes palabras. el Gobierno de Enrique Peña Nieto no tardó en contestar. “México no pagará de ninguna manera y bajo ninguna circunstancia, un muro o una barrera física en la frontera. Esta determinación no es parte de una estrategia negociadora, sino de un principio de soberanía y dignidad nacional”, afirmó en un comunicado la Secretaría de Relaciones Exteriores. El texto también señala que México no negocia por redes sociales, que es falso que el país sea el más peligroso del mundo y que la violencia por tráfico de drogas es un “problema compartido” con su vecino del norte.

El muro es uno de los grandes símbolos del mandato. El presidente siempre ha defendido su construcción y hace dos semanas presentó una propuesta al Congreso para que financiase con 18.000 millones de dólares la obra a cambio de permitir que se quedasen en el país los dreamers (690.000 jóvenes que entraron en Estados Unidos siendo menores y a los que Barack Obama concedió protección temporal). Pero también es cierto que han crecido las voces en la Administración que han vinculado esta financiación a la mejora de la balanza comercial que traería consigo una negociación exitosa del tratado.

La postura de Trump, aunque por el tono corrige a su jefe de gabinete,  acepta esta última posibilidad. Un aspecto que el propio Kelly, en sus intervenciones, había señalado. “De alguna forma, es posible que logremos obtener el dinero de México, pero no directamente desde su Gobierno. En cualquier caso, no va a haber un muro entero de mar a mar. (…) En vez de eso, lo que la Administración pretende es fijar barreras físicas en muchas zonas, y que sumen unos 1.100 kilómetros”, dijo la noche anterior Kelly.

Con todos sus matices, la enmienda presidencial a Kelly tiene además una lectura interna. El jefe de gabinete, en una de sus primeras intervenciones fuera del recinto oficial, ha mostrado un tono moderado y conciliador. Un elemento importante en un momento en que la negociación con los demócratas, en la que se vincula el paquete migratorio y la prórroga de la financiación gubernamental, ha entrado en las convulsiones finales. A falta de un día para el temido corte de fondos al Ejecutivo, la llamada de atención acaba con el espejismo y vuelve a restablecer la línea dura. El que manda, incluso en la letra pequeña, es Trump.

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