La caída de Casa Fuji que no derrumbó al dueño de esta papelería de Coapa

By: HuffPost

Un microempresario se enfrenta a la burocracia para reconstruir su negocio… y sus clientes salen a ayudarlo.

CORTESÍA

Una cosa es perder tu casa y otra perder tu negocio, pero, ¿qué sucede cuando pierdes ambos? Eso es lo que enfrenta Jaime Endo, el dueño de Casa Fuji, una popular papelería en Villa Coapa: el sismo de 19S le quitó en un par de minutos el patrimonio que su abuelo inició cuando llegó de Japón a México como refugiado de la Segunda Guerra Mundial.

Hoy, Endo tiene mucho qué solucionar pero también mucho qué agradecer: sus clientes son quienes lo han ayudado a levantarse… ¿y las autoridades?

“Al principio no me caía el veinte. Toda la atención y ayuda oficial, medios y vecinos estaban concentradas en el Colegio Rébsamen, que está a dos cuadras de Casa Fuji. Entendía que había otros casos más graves… Vi mi casa y negocio tambalearse, cuando entré no lo podía creer: casi todo estaba destruido por dentro”, platicó Jaime Endo.

JAIME ENDO

 

Para quienes crecieron o vivieron en Villa Coapa, la papelería ubicada en Prolongación División del Norte, justo en la esquina de Acoxpa, está llena de buenos recuerdos: Casa Fuji o como muchos le decían coloquialmente, la ‘casita del chino’, ofrecía material de dibujo y pintura que en los años 80 y 90 sólo podía encontrarse en el centro de la ciudad o en el extranjero. Pero eso no era su único valor: la filosofía de la tienda era darte una solución a como diera lugar, así que como estudiante jamás te ibas con las manos vacías: material para maquetas, papel, pinturas, pinceles, si no había lo que buscabas te ofrecían un sustituto y te decían cómo usarlo… y si te iba bien, hasta te tocaba un pequeño origami de papel con el cambio.

Así que no habían pasado ni tres días del terremoto cuando en redes sociales vecinos del lugar empezaron a pedir ayuda para Casa Fuji. Incluso, muchos que ya no estaban cerca de Coapa, preguntaban cómo mandar dinero al dueño.

FACEBOOK

Todo perdido

El día del sismo llegaron a revisar unas personas y tajantes me dijeron: tiene que demoler. No quise creerlo, yo sólo quería sacar la mercancía y la mayor cantidad posible de cosas; por fortuna mis hijas estaban en su escuela”.

Casa Fuji era una construcción de tres pisos que pocos olvidarían después de verla, pues tenía un techito que simulaba una construcción japonesa: en la planta baja estaba la papelería y los dos pisos de arriba eran la casa de la familia Endo.

Él sacó todo lo que pudo con ayuda de amigos y con el apoyo de una excolaboradora, que se dedica a las mudanzas. Supo que de no ser por ello, quizás no lo hubiera logrado: Protección civil le prohibió, como a muchos otros de la zona, entrar al inmueble porque estaba en alto riesgo de colapsar.

Un viacrucis llamado burocracia

El verdadero tormento empezó después. Endo firmó 10 veces el mismo formato en el que dejaba sus datos y constataba que su negocio y casa estaban dañados. Diez veces lo visitaron autoridades federales, de CDMX y de la delegación… Diez veces. Y cuando se buscó en los listados oficiales, ¡no aparecía!

“El primer mes yo iba todos los días a la delegación y subdelegación. Entendía que había cientos de casos. Me decían: vea esa hilerota de papeles, son los pendientes. No podía enojarme con nadie: estaban haciendo su trabajo”.

Endo entendió que para superar la situación tenía que demoler: no era viable reconstruir sobre lo dañado. “Un día que regresé por cosas, encontré tabiques tirados… Yo había barrido todo y recogido antes, ¿por qué estaban ahí? La casa se estaba desmoronando”.

En Facebook alguien le contactó con un periódico. El mismo día que publicaron su historia llegaron autoridades para avisarle que demolerían su inmueble. De haberlo hecho por su cuenta, hubiera tenido que pagar más de 400 mil pesos.

CORTESÍA: JAIME ENDO

La demolición fue muy dura. Para hacerlo tienen que vacíar todo el inmueble, por seguridad. Ves cómo van aventando por la ventana todo: muebles, cosas… Y cuando empiezan a hacer los agujeros para tirarlo, uff, no lo puedes creer”.

¿Ya la había librado? Se enteró, ya que se había demolido la propiedad, que le debieron de dar un papel, un permiso. No se lo entregaron: los trámites continuarían.

¿Y cómo levantaría de nuevo su casa y papelería? Endo tramitó todo tipo de ayuda: obtuvo del Fonden 120 mil pesos que considera no sirven para gran cosa. La delegación le dio después 60 mil pesos, que aunque también es poco, valora más: “La delegación Tlalpan ayudó con lo que pudo, aunque fue lento, ellos se acercaron a explicar qué hacer y cómo, a ofrecer apoyo. Nos dijeron que este año darán más ayuda”.

El microempresario no pierde jamás la calma cuando platica su historia… hasta que toca el tema del gobierno.

Ni gobierno central ni federal han hecho nada, las donaciones y toda la ayuda que se prometió, dónde quedaron, aquí no hay nada de eso”.

¿Acceder a los préstamos que ofreció el gobierno de CDMX?

Eso no es ayuda, es tomarle el pelo a la gente. No me vengan con créditos y tasa preferencial y no sé qué, porque es una soberana tomada de pelo. Ese crédito me saldría más barato si voy al banco”.

De acuerdo con el Programa de Reconstrucción de CDMX se tiene registro de 2,544 negocios afectados por el sismo del 19S; y se han otorgado 639 créditos, 15 de ellos a microempresarios como Endo.

El poder de sus clientes

Cuando era niño, al salir de la escuela, Endo y sus hermanos tenían que bajar a Casa Fuji a ayudar en el negocio. Su padre era estricto: lo divertido estaba en la escuela, no ahí. Así recibió el mejor de los legados: el día del sismo, el negocio no contaba con deudas, sus proveedores le apoyaron y sobre todo, los clientes salieron a ayudarle aunque fuera con un mensaje.

“Alguien me sugirió: abre una cuenta de banco para que ahí recaudes ayuda. No puedo creer que me hayan depositado tantos clientes. Luego, otra cliente, la artista plástica Angélica Argüelles Kubli, me donó un cuadro al óleo para rifarlo: obtuve más recursos de los que hubiera creído”.

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El microempresario mexicano sabe que su nueva historia apenas comienza: no podrá levantar todo de un jalón, seguirá tocando puertas y buscando la forma de reinventarse. Motivos le sobran: sus clientes le piden que vuelva, no importa dónde ni cómo.

NELLY ACOSTA
Tras ser demolida Casa Fuji, sólo quedó en el terreno una gran barda de madera. Endo puso ahí una manta, sin imaginar que se llenaría de origamis y mensajes de apoyo de sus clientes.

Empezaré a vender en internet, levantaré después la papelería. ¿Mi casa? No me puedo morir si no lo logro: esta historia tiene que continuar, es mi trabajo y el de mis padres. Se hace o se hace”.

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