El error político de encarcelar a Elba Esther se le revirtió fatalmente a EPN

JOSÉ REYES DORIA

@jos_redo

La percepción desfavorable que rodea a Elba Esther Gordillo hizo posible que el golpe autoritario de su detención pasara casi desapercibido, aunque hubo algunas voces que lo expresaron.

La percepción desfavorable que rodea a Elba Esther Gordillo hizo posible que el golpe autoritario de su detención pasara casi desapercibido, aunque hubo algunas voces que lo expresaron.

Foto propiedad de: Internet

El encarcelamiento de Elba Esther Gordillo en febrero de 2013, fue un acto profundamente autoritario, propio de los regímenes cuasi dictatoriales de la época posrevolucionaria mexicana o de las dictaduras latinoamericanas de la segunda mitad del siglo pasado, y marcó el principio del fin del gobierno de Enrique Peña Nieto.

El golpe a Elba Esther ocurrió en pleno debate de la reforma educativa. En diciembre de 2012 se había aprobado la reforma constitucional para establecer en el Artículo 3º los temas de la evaluación y la permanencia de los maestros.  La discusión y los posicionamientos políticos entraron en un estado de ebullición por la trascendencia de la reforma. Desde enero de 2013 comenzaron a circular borradores de la legislación secundaria, donde se plasmarían los detalles cruciales de la reforma.

Recordemos que la Ley General de Educación y la Ley General del Servicio Profesional Docente se aprobaron hasta julio de ese año. En ese período se produjeron posicionamientos contundentes de los principales actores políticos y sociales involucrados

Los maestros agrupados en el SNTE estaban construyendo una postura, los maestros de la CNTE articulaban su rechazo, las organizaciones de la sociedad civil como Mexicanos Primero expresaban con firmeza su visión, las asociaciones de padres de familia expresaban su punto de vista, organismos internacionales como la OCDE manifestaban su opinión: sin embargo, en medio de este momento político marcado por el debate y la negociación democrática, Peña Nieto decide meter a la cárcel a la líder de los maestros.

La percepción desfavorable que rodea a Elba Esther Gordillo hizo posible que el golpe autoritario de su detención pasara casi desapercibido, aunque hubo algunas voces que lo expresaron. Pero la naturaleza de esa acción es clara: en pleno proceso democrático de reforma constitucional y legal, el gobierno de Peña decide eliminar por la fuerza a la principal figura opositora a la reforma educativa.

Más allá de la personalidad de Elba Esther, el mensaje del entonces nuevo gobierno federal fue terrible: la utilización de las instituciones de justicia, en este caso, la PGR, para aplicar la fuerza en contra de un personaje que se opone a sus reformas y cancelar de un plumazo autoritario cualquier expresión política que se interponga en la realización su proyecto de gobierno.

La decisión de recurrir al encarcelamiento implica la renuncia al ejercicio del poder político legítimo para ganar el debate, para construir consensos, para articular mayorías y convencer a la sociedad de la bondad de las reformas. Hoy, a la luz del auto de libertad a favor de Elba Esther por falta de pruebas, podemos ver que, además, se fabricaron pruebas que no resistieron la revisión del Poder Judicial.

Cabe señalar otro desacierto del gobierno de Peña Nieto en el proceso de la reforma educativa. Se trata de la estigmatización de los maestros, a quienes señaló insistentemente como los máximos responsables del atraso de la educación en México. En el discurso, el gobierno identificó a los docentes como enemigos de una reforma que lograría una educación con calidad y equidad para los niños. En la práctica, orientó los ejes de la reforma educativa hacia la evaluación punitiva de los maestros: históricamente son ineficaces y tramposos, por lo tanto, si no acreditan una evaluación, se pone en riesgo su permanencia en el sistema educativo.

Finalmente, a la luz de los desastrosos resultados obtenidos por Peña Nieto y su partido en las elecciones del 1º de julio, podemos decir que el golpe autoritario para imponer la reforma educativa y la estigmatización de los maestros, junto con la reforma fiscal de diciembre de 2013, la masacre de los normalistas de Ayotzinapa, el escándalo de la Casa Blanca y los casos de corrupción inaudita, constituyeron los elementos que explican el fracaso y el desprestigio del sexenio 2012-2018.

Los maestros votaron masivamente en contra del candidato y el partido del gobierno de Enrique Peña Nieto. El repudio al golpe autoritario y a la satanización de los docentes se manifestó en las urnas y alcanzó incluso al partido Nueva Alianza, brazo político electoral de los maestros desde 2006, pero que ahora se alineó con la candidatura presidencial que representaba a los autores de la agresión a los maestros. Nueva Alianza pierde su registro.

Es verdad que la maestra Elba Esther Gordillo no goza de la mejor imagen pública, que la sociedad tiene una percepción crítica de su figura, pero a reserva de abordar esos temas en otros espacios, lo cierto es que todo ello no ameritaba el golpe autoritario de que fue objeto por parte del gobierno de Peña Nieto. Digo esto más en términos de eficacia política que de pertinencia ética: Peña no tuvo a un Talleyrand que, como a Napoleón, le dijera: “es algo peor que un crimen, es un error”

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