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Yo vi el video de Bimbo, y tengo derecho a agredirte

By: HuffPost

SUSANA GONZALEZ/BLOOMBERG VIA GETTY IMAGES
Un repartidor de Bimbo: «Tenemos capacitación, hay un código de ética y valores, hay sistemas tecnológicos… pero tú sabes que todo se puede vulnerar».

Luis conduce su vehículo de carga por las calles de la Ciudad de México. En una esquina, un auto subcompacto se le empareja por su lado derecho y, con una sonrisa sarcástica, le grita «no robes». Luis lleva dos días soportando todo tipo de burlas. Trabaja para Bimbo y se siente acosado. Cuando el auto que está a su lado acelera para alejarse, solo atina a responder «a tu chingada madre». El otro conductor frena intempestivamente. Escuchó la respuesta.

Del auto desciende un joven delgado con actitud amenazante, mientras profiere una letanía de insultos; Luis no se mueve. Al detectar la actitud pasiva del empleado de Bimbo, el joven toma valor y se acerca, retador. Luis, con una larga trayectoria en la empresa, ha sido atacado incontables veces en asaltos y sabe que tiene una vulnerabilidad: la corbata. Rápidamente se la afloja y la arroja a la parte posterior de su vehículo, entre los panes. Su rival ya manotea la camioneta. Luis desciende. Es muy alto y robusto. El conductor del auto cambia la actitud al notar su inferioridad física y regresa, apocado, a su vehículo. Ahora Luis prácticamente lo escolta con otra letanía de insultos mientras el joven arranca profiriendo amenazas. No pasó a mayores, pero Luis tiene miedo. En su ruta hay varias pandillas dedicadas a la delincuencia y no sabe si el chico que lo amenazó es miembro de una.

La proliferación instantánea de estereotipos súbitos; la toma inopinada de posturas; el linchamiento social con garantía de impunidad… ¿cómo llegamos a esto?

Pedro es miembro de un grupo de Facebook donde se comparten noticias sobre una ruta donde el tráfico es imprevisible y atroz; los miembros habitualmente postean actualizaciones para ayudar a otros a saber cuál es la vía más rápida al transitarla. Entre los numerosos posts, aparece uno con un meme (¿humorístico?) que muestra una recreación del oso de Bimbo supuestamente sangrando y una amenaza al estilo del narco del ‘cártel’ rival, el de Tía Rosa. Un usuario comenta la imagen; dice que el grupo no es para postear tonterías. Quien posteó el meme le responde con varios insultos donde destacan los errores ortográficos; el quejoso vuelve a responder y comparte fotos que aparentemente extrajo del perfil del ‘bromista’, en donde se le ve en una especie de paradero del transporte público; «que (sic) se puede esperar de este pinche microbusero». El ‘bromista’ paga con la misma moneda y pega una foto del quejoso con un niño, presuntamente su hijo, y un mensaje escalofriante: «vas a baler verga» (sic).

La dinámica del escarnio como convivencia; la polarización como impulsor del prestigio social… ¿cómo llegamos a esto? ¿Vidas amenazadas por la interpretación de un video viral que muestra un delito menor?

¿El joven que insinuó que Luis es ladrón se guardaría sus burlas si conociera más ángulos de la historia?

No pretendo minimizarlo:es reprobable y el ladrón merece castigo (que ya tuvo, algunas horas detenido en la agencia 44 del Ministerio Público en Iztapalapa). Es crispante porque lo efectúa en contra de un adulto mayor, pero, por favor, es un hombre robándose tres pastelillos. Para el nivel de noticias que diariamente se consignan en los medios mexicanos, es un chiste. Políticos que hacen trampas para usurpar cientos de millones de pesos, narcos que son capaces de quemar vivo a un bebé… ¿y esto nos polariza? ¡Es un capítulo posmoderno del Lazarillo de Tormes, quien le robaba longaniza a un ciego y pan a un clérigo! Pero acá hay video, todos testificamos; hay redes sociales, todos ejercemos la erudición del prejuicio; hay crispación social, cualquiera se siente con derecho de agredir a quien no comparta la interpretación de un hecho.

Y lo peor es que en este juego muchos interpretamos y pocos preguntan. Un tuitero sostuvo que la culpa es del fallecido Lorenzo Servitje, por acaparar la riqueza y precarizar el salario del empleado de Marinela, ¿será? ¿El sustento es una cifra o un prejuicio? Algunos reporteros han seguido el caso, aunque los que yo he podido leer tienen en general un sesgo favorable hacia la víctima. Efecto underdog, le llaman los teóricos anglosajones, y se entiende. Pero a mí me interesa saber qué destino iba a tener la mercancía sustraída por el empleado de Grupo Bimbo y nadie (insisto, que yo haya leído) ha jalado ese hilo. Así, preguntando, encontré a ‘Luis’, quien me dio su testimonio bajo condición anónima y me contó varias anécdotas de agresión contra él y sus compañeros.

No, el repartidor de Marinela no se robó la mercancía para compartirla en la mesa con su familia. Tenía un sueldo que compite con el de algunos profesionistas, más comisiones por ventas. Y no, tampoco es un caso aislado. «En todas las agencias, de prácticamente todas las empresas que surten mercancía a las tiendas, hay cinco o seis vendedores que tienen un nivel de vida que nunca podrían pagar con su salario». Y me da un dato que me sorprende: un repartidor podría recabar 60 mil pesos en un mes con la metodología del hombre del video. «El del video roba sin muchas ganas: tres Choco Roles de 11 pesos, por un promedio de 35 clientes diarios durante un mes. Haz la cuenta. Pero hay quien se dedica de lleno a esto y saca el doble de mercancía».

Creo que todos deberíamos contenernos y reflexionar.

La duda surge de inmediato: ¿dónde se vende esta mercancía robada? Hay dos métodos para ‘lavar’ las ganancias. Uno es sumar, al finalizar el pedido de otra tienda, productos que ‘por olvido’ no se añadieron a la nota. Como la nota está cerrada, el tendero no se resiste a pagar 60 pesos más para tener su negocio bien surtido; ni siquiera sospecha que lo están usando. El otro método, adivinaron, se basa en la complicidad: un tendero sabe que compra mercancía sustraída y exige un precio mucho menor para aumentar sus márgenes de rentabilidad. Los ladrones ganan menos, pero venden toda la mercancía robada en una sola exhibición. ¿Hay forma de que la empresa pueda estar involucrada? Luis no lo cree.

«Tenemos capacitación, hay un código de ética y valores, hay sistemas tecnológicos… pero tú sabes que todo se puede vulnerar. En algunos casos, las transas se deben hacer bajo el cobijo de los jefes, y me imagino que les dan su lana; también hay supervisores que no salen a hacer su trabajo. Los vendedores no desconocemos estas prácticas, pero la gran mayoría nos mantenemos alejados».

¿El joven que insinuó que Luis es ladrón se guardaría sus burlas si conociera más ángulos de la historia? ¿Será posible que valga la pena exhibir imágenes sustraídas de Facebook para acompañarlas con amenazas porque un ladronzuelo alejado en el tiempo y el espacio fue descubierto en un video? A veces las redes son el terreno ideal para generar incendios sociales con temas absurdos, y llegamos los medios y soplamos, en lugar de informar. No sé, creo que todos deberíamos contenernos y reflexionar.

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