“Alimentar el alma” de las personas en situación de calle mejora su salud mental

By: HuffPost

Contrario a lo que se cree, las personas en situación de calle son más resilientes y tienen una fuerza mental mayor, de acuerdo con este investigador.

Existen programas integrales para apoyarlos en cuestiones médicas, darles cobijas, ropa o inclusive cortarles el cabello, pero las personas en situación de calle de Ciudad de México no solo necesitan estos programas, de acuerdo con Arturo Ortiz, psicólogo clínico especializado en salud mental y adicciones. Necesitan que “les alimenten el alma“.

“Puede sonar cursi, pero es lo que es” comentó el doctor, que también se desarrolla como investigador del Instituto Nacional de Psiquiatría. En entrevista para HuffPost México dio a conocer detalles de su investigación, “Efectos en la estimulación positiva en usuarios inhalantes en situación de calle“, en la cual ha trabajado durante siete años con distintos grupos del Centro Histórico de la capital.

De acuerdo con el último censo publicado por el Instituto de Asistencia e Integración Social, existen más de 4,354 personas de todas las edades viviendo en esta condición, siendo los del género masculino los que más representan esa cifra. Ortiz trabaja de manera directa con aproximadamente 200 personas, entre niños, mujeres y hombres, de tres “bandas” del centro.

GALO CAÑAS /CUARTOSCURO.COM
Dos hombres en situación de calle descansan en la Plaza Garibaldi de Ciudad de México.

En la primera parte de la investigación —la etnográfica— el doctor ubicó a unas 30 bandas distribuidas en distintos puntos del Centro Histórico. “Entre ellos mismos están divididos, para tener un acercamiento primero debía saber cómo se conformaban”.

Uno de los objetos de estudio de la investigación era conocer sus ‘mecanismos mentales para adaptarse a situaciones extremas‘. Las personas en situación de calle no solo se enfrentan a la discriminación por parte de la gente, las mismas condiciones en las que viven, como el frío, exposición a infecciones, adicciones, fenómenos naturales, atropellamientos, entre otros, los hace más vulnerables. O eso creyó el doctor que encontraría al examinar la salud mental de estas personas, cuando comenzó su investigación en 2011.

“A diferencia de nosotros, que no vivimos en esa situación, ellos tienen una capacidad de control de impulsos increíble”, cuenta Ortiz. Las cuatro características mentales con las que se encontró cuando comenzó a trabajar con ellos fueron: capacidad de introspección, alta resiliencia, tolerancia a la frustración y que no tienen depresión clínica.

La investigación se ha desarrollado en cuatro etapas: acercamiento afectivo, internamiento (para quien así lo desee), desarrollo de habilidades sociales y trabajo. Para la primera etapa, que es la más tardada, el doctor implementó como primer acercamiento el contacto físico con un cachorro.

Los perros son intuitivos y está comprobado que dan alegría y tranquilidad a los seres humanos. Además, el ser intuitivos es algo que desarrollan las personas en situación de calle al estar alertas la mayor parte del tiempo, por lo que la conexión con los cachorros es inmediata.

“Se comunican de manera no verbal con los perros. Son su familia”.Arturo Ortiz.

El primer resultado de esta prueba es que cuidaban a los perros más que a ellos mismos, los trataban como familia y “si ellos no tenían qué comer, antes le daban a su perro que a ellos mismos”. La mayoría de las personas con las que ha trabajado crecieron sin padre y madre, fueron abandonados, o sufrieron violaciones por parte de sus propios padres y, por ende, no desarrollaron afecto emocional.

Adicción a la “mona”.

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Un joven en situación de calle en Ciudad de México.

Como el nombre de la investigación lo indica, está dirigida a personas en situación de calle que consumen alguna droga. La mayoría que forman esta investigación consumen la famosa “mona”, un tipo de solvente químico inhalable que tiene un efecto inmediato en el sistema nervioso. “Consumen de 20 a 30 monas al día”, comentó Ortiz.

Por tanto, parte de la investigación también consiste en que, a partir de las actividades estimulantes positivas, reduzcan el consumo, y lo ha logrado. Después del proceso de desarrollo afectivo, el cariño, la ternura, los abrazos, darse cuenta que sí valen, se vuelve adictivo también, “su mente se expande y si se repite, esto se vuelve adictivo, es una vía para llenar el alma, por tanto, disminuyen el apetito del activo”, agregó el investigador.

“Cuando no tienen cariño, buscan en el activo ese sentimiento, por eso se vuelve de uso crónico”.Arturo Ortiz.

Para esta etapa, Ortiz implementa el “ambiente enriquecido“. Les pone música, bailan, se expresan y también los lleva a museos, al cine, los hace participar en concursos (como crear una ofrenda del Día de Muertos), entre otras. Todas las actividades, al finalizar, siempre concluyen con sus reflexiones: ¿qué les pareció?, ¿qué les hizo sentir?, ¿les gustó o no?, ¿qué aprendieron?, etc.

Algunos tienen que pasar por un “nacimiento psicológico“, lo que significa reconocerse, saber que existen y que importan. Las estimulaciones positivas que ha implementado Arturo Ortiz han dado los resultados que esperaba. Varias de las personas con las que ha trabajado en estos años terminaron su proceso y se reintegraron a la sociedad, “adoptaron los valores de la gente en general” como vestirse, arreglarse, conseguir un trabajo, pareja, inclusive algunos ya tienen familia, contó Ortiz.

Para continuar con el proceso y llegar a esos casos de éxito, sigue el internamiento en una clínica para desintoxicarse y pasar alguna temporada en un albergue. Esto se logra cuando ellos ya tomaron consciencia de la importancia de su existencia, “ellos no viven en el pasado como muchos de nosotros, a ellos les importa el ahora porque son más resilientes y eso hace que su capacidad de mirar al futuro sea mayor”.

Muchas de estas personas ni siquiera cuentan con documentos oficiales que avalen su identidad y, por ende, buscar trabajo es casi imposible, que es la última parte del proceso, reintegrarse a la sociedad. Pero algunos nacieron en la calle o los abandonaron por lo que crecieron sin amor, sin documentos, y, en ocasiones, ni un nombre; la gran mayoría tiene apodos, porque ni ellos saben cómo se llaman, compartió el investigador.

En estos años de investigación ha logrado que algunos se vayan a trabajar al campo porque le dicen al doctor que ya no quieren saber de la “mona”, de exponerse a situaciones peligrosas o de vivir en la calle. Así que buscan un lugar más fresco, que los llene de energía, pero que a la vez los ponga a trabajar.

Al igual que todos, necesitan dinero y comida, pero muchas veces eso no es lo que realmente quieren. Cualquiera les puede dar un pan o una moneda, pero el reconocimiento y el afecto, nadie, cuenta el doctor.

“La gente no se atreve a mirarlos a la cara, les saca la vuelta, los discrimina. Algunos no tienen una extremidad porque los atropellaron, porque la gente ni se da cuenta que ahí están. Lo que no se nombra no existe. Mirarlos y reconocerlos también es parte de su nacimiento psicológico”.

“Parte de mi actividad terapéutica consiste en hacerlos conscientes de sus logros. Con microintervenciones, que van desde aplaudirles y echarles porras por algo que hicieron. Mi interacción con ellos es cazar los logros que ni ellos han reconocido. Entonces llega un momento en que comienzan a valorarse y su autoestima aumenta”. Arturo Ortiz.

Los resultados de su investigación no solo han servido para que dejen las calles totalmente, no los puede obligar, pero sí los ayuda a que mentalmente vivan mejor. Una de sus grandes herramientas de salud mental, dijo Ortiz, es su alta capacidad de introspección, “esto significa que pueden ver el “mapa de sus sentimientos” y tenerlos a la mano. La gente de calle no tarda en encontrar sus sentimientos, no se los tienen que enseñar”.

Uno de sus objetivos es fortalecer su autoestima a través de estas actividades. “Desde que nacieron, todo el mundo los ha tratado mal, ellos solo quieren vivir”.

Arturo Ortiz presentó los avances de su investigación “Efectos en la estimulación positiva en usuarios inhalantes en situación de calle”, en la pasada Reunión Anual de Investigación del Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente Muñiz.

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