La República de la Democracia

¡Todos unidos contra la corrupción y la impunidad!

Leopoldo Mendívil

PRESIDENTE ELECTO
LÓPEZ OBRADOR:

+Me gustan más los sueños del

futuro que la historia del pasado

Thomas Jefferson

CIUDAD DE MÉXICO.- (Conocer la residencia presidencial de México fue, durante más de dos siglos, algo prohibido para los mexicanos… Javier Alatorrerompió ese prejuicio histórico, cuando Los Pinos perdió esa categoría… ¡Felicidades, querido Javier..!)

Le entrego, Presidente Electo, la parte final del ensayo —sintetizado— que su autor, el economista y politólogo José Alberto Aguilar Iñárritu tituló La Construcción del Régimen Político de la Democracia Mexicana y lo presentó apenas el sábado pasado, convencido de que su lectura habrá de serle útil para la misión que mañana usted inicia:

“… Recordemos que la República es un marco ético rector de la vida pública, contenido en una fórmula constitucional de laicidad, libertad e igualdad acorde con la historia, que nos dispensa de requerir constituciones morales. Su restitución no sólo impide la injusta apropiación privada de ese bien colectivo que es la política, sino que rehabilita su virtud creadora de soluciones y confirma el derecho humano al buen gobierno. Su regla áurea es el imperio del interés general que resulta de la perecuación, o sea, el reparto equitativo de las cargas entre quienes las soportan y todos los intereses particulares que la componen. Si esta regla desaparece o se debilita, la misma suerte corre la República.

“La lucha por la República implica desbrozar la cerrada espesura de los privilegios excluyentes para abrir grandes avenidas a la igualdad, a la libertad y a la fraternidad. Implica estimular la convivencia armónica y justa de una sociedad que robustece la ciudadanía integral, como base de su arquitectura. En síntesis, edificar la República Democrática es disponerse a:

“—Sustituir de manera inalterable el imperio de los hombres por el imperio de la ley;

“—Garantizar el control constitucional del poder como base del Estado de Derecho y lograr la máxima eficacia jurídica de la ley;

“—Evitar que ningún grupo interno excluya o anule al resto en lo  político, lo económico y lo social. Impedir que origen de cuna sea destino, trabajando por la inclusión social, armonizando la libertad con la igualdad de capacidades y oportunidades y, al promover la equidad entre familias, hacerlo también entre regiones, reconstruyendo el federalismo;

“—Al igual que al poder político, también sujetar la economía al interés general, sin vulnerar libertades pero orientando institucionalmente su desempeño hacia la competitividad, el crecimiento, la prosperidad compartida y la justicia social;

“—Cerrar la brecha entre ciudadanía y política. Volver a conectar a los ciudadanos con sus gobernantes, a partir de generalizar la trasparencia y la rendición de cuentas.

“—Reemplazar la idea pasiva de ciudadanía, sólo como posesión de derechos, por una ciudadanía activo-participativa en la definición de los asuntos públicos, induciendo su libertad positiva;

“—Promover modelos de conducta cívica favorables al mejor funcionamiento comunitario. Estimular y respetar el surgimiento de identidades comunitarias, energías cívicas, actitudes críticas ante la autoridad, el sentido de justicia y la tolerancia  ante a la diversidad.

“En suma, en más de 200 años de vida independiente, México es viable como resultado de un amplio ciclo de tres revoluciones y de un importante pero inacabado proceso de transición a la democracia. Las tres revoluciones culminaron con el logro de sendos pactos sociales de poder, que soportaron la fundación de tres repúblicas:

“La Primera República, la federalista de la Independencia, impidió la disgregación de la Nación. Se estructuró en el federalismo que abreva en la tradición de Cádiz y establece su perfil en la morfología práctica de la experiencia norteamericana. Sus reglas están escritas en la Constitución de 1824, soportada en el pacto social de poder condensado por Guadalupe Victoria, para superar las insuficiencias del fallido Imperio.

“La República Laica es la segunda, que surge del pacto social de poder que restaura la Constitución de 1857 y a su vez la soporta. Entre Juárez y Díaz, en la búsqueda del orden y el progreso, se consolida el Estado mexicano en la reconciliación política, después de varias décadas de lucha fratricida, de “cuartelazos” e invasiones extranjeras.

“Finalmente, el continuum Obregón-Calles-Cárdenas nos otorga la Tercera República, la social que gobernó la Revolución, dio vida a la Constitución de 1917 y estabilidad y desarrollo al país, hasta que, avanzada la segunda mitad del siglo pasado, comenzó a colapsar en sus fundamentos, precipitando su caída después de 1982.

“Hasta ahora, la transición a la democracia no ha sido capaz de culminar su ciclo hacia la normalidad democrática; no ha podido construir el correspondiente pacto social de poder e instituir la República de la Democracia para actualizar, en consecuencia, su marco constitucional.

“No hay tiempo para más dilaciones. Está en juego el destino de México. Llegó la hora de hacerlo. Aceptemos el reto.”

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