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No soy fifí ni chairo, entonces ¿qué debería entender del desabasto de gasolina?

By: HuffPost

FOTO: FERNANDO CARRANZA GARCIA / CUARTOSCURO.COM
Problemas por el desabasto de gasolina en Zapopan, Jalisco. FOTO: FERNANDO CARRANZA GARCIA / CUARTOSCURO.COM

 

El desabasto de gasolina es en buena medida un problema de comunicación. La mayoría de los involucrados ha contribuido en este caos y las posibilidades de superar la crisis están muy vinculadas a la información. El horizonte, sin embargo, se ve gris, pues en medio hay una sociedad que no logra trascender las campañas electorales y sigue reiterando la retórica de enfrentamiento: estás conmigo y con mi visión política o estás contra mí. La vorágine de la posverdad sigue ahí y no importa si la información es verdadera o falsa, lo que importa es cómo hace sentir a la gente.

Los avisos sobre este problema iniciaron desde los primeros días de la gestión de AMLO. Apenas el 2 de diciembre existió desabasto en el Valle de Toluca. Como no hubo comunicación oficial, las teorías apuntaron hacia varios lados; en algunas, Pemex negaba el problema; en otras, era por el huachicoleo o por un descontrol en la logística, pero no hubo nadie desde un puesto importante del gobierno que indicara las causas reales. Si el combate al robo de combustible había iniciado, era comprensible que el gobierno quisiera reservar información para evitar que los delincuentes se pusieran alerta. Si era un programa piloto o el inicio de uno oficial, era buen momento de sopesar los efectos colaterales y reaccionar para comunicar.

Para el 17 de diciembre ya existían reportes de desabasto en algunos estados del país, concretamente Puebla, Guanajuato, Jalisco, Querétaro y Estado de México. Ya se hablaba de “intermitencias o suspensiones permanentes de poliducto” en los medios locales, pero nuevamente hubo poca claridad oficial, a pesar de que ya había escala regional. Coincidencia o consecuencia, pero sin duda un tema colateral que hay que revisar, es que en los últimos días del 2018 Morelos presentó un desabasto de gas LP que sigue teniendo secuelas.

La vorágine de la posverdad sigue ahí y no importa si la información es verdadera o falsa, lo que importa es cómo hace sentir a la gente.

El inicio del caos con la gasolina llegó en los días previos al año nuevo. Primero se anunció que la Secretaría de Hacienda quitaría estímulos fiscales y los usuarios pagarían la totalidad del IEPS a partir del primer día de enero. No se dijo por qué (muy probablemente es que ante la baja de los precios internacionales surgió una oportunidad de recaudar sin elevar precios) y, principalmente, no se dejó claro lo más importante: cuánto costaría el litro después de la medida.

Los rivales políticos del gobierno aprovecharon este hueco para desempolvar el término ‘gasolinazo’, hablar de alzas injustificadas… justo como lo hacía el gobierno actual cuando era oposición. Hubo una respuesta tibia y descoordinada, que sostuvo que el precio final dependería de las estaciones de servicio, y por ende de la competencia. Ambigüedad, pues. La gente quería saber cuántos pesos o centavos iba a desembolsar de más por litro. Esto se volvió un obstáculo para entender qué porcentaje del impacto vino del desabasto y cuál por la especulación vía acaparamiento, que tampoco se puede negar.

Y así inició el 2019; con el letargo de las fiestas, el problema no ocupaba las portadas de los medios nacionales, pero sí de las redes sociales. Y ahí vino la polarización, pues mientras una postura decía que se debía a una mala gestión del presidente, la otra sostenía que todo se debía al huachicol y que ya se notaban los efectos del combate a la corrupción en el inventario de distribuidores coludidos.

Para el jueves 3 ya era inocultable el caos en algunos estados y AMLO mencionó el asunto en su conferencia matutina el viernes 4. Curiosamente, el presidente contradijo a sus simpatizantes en redes e inicialmente sostuvo que la carencia era por el cambio en la logística de la distribución y no por el robo de combustibles. A partir de ese momento, las contradicciones, la falta de transparencia en la estrategia y las intervenciones apresuradas de algunos actores políticos, tanto a favor como en contra de las medidas y sus consecuencias, han incentivado la polarización.

Si salieran a decir claramente una fecha en donde el suministro se regulariza, los ciudadanos evitaríamos compras de pánico.

Hay preguntas que no se han respondido con claridad. Tenemos claro que se cerraron los ductos para combatir el robo, pero, ¿cuál era el resultado esperado? ¿Se pensaba que con esta medida las personas que ‘trabajan’ las redes de extracción ilegal iban a morir de inanición mientras esperaban que los abrieran de nuevo o que tendrían tiempo para reflexionar sobre su conducta? El gobierno sabe que en la extracción ilegal hay cárteles de la droga y que el debilitamiento de algunos, como los zetas, no frenó la práctica, sino provocó que se fragmentara en células que no tienen empacho en enfrentarse con el ejército. Y si el negocio del huachicoleo disminuye porque los ductos dejan de bombear, como ha ocurrido para reparar fugas o explosiones que los mismos huachicoleros provocan, simplemente se mueven a otros ‘negocios’, como el secuestro, la extorsión o el robo con violencia. Basta con analizar cómo y por qué creció tan brutalmente la criminalidad en estados como Puebla y Guanajuato en los últimos años: debajo de sus territorios corren tubos que atraen todo tipo de desgracias.

No tiene mucho sentido pensar que el cierre de ductos sea la estrategia para frenar a la delincuencia detrás de la extracción; todo apunta a que están yendo por sus comparsas en Pemex, sin cuya participación sería imposible el huachicoleo. ¿Por qué? Porque, contrario a la creencia popular (y a los doctos documentos de Facebook que explican con manzanas), existe tecnología para detectar cuando un ducto pierde presión por extracción e incluso Hacienda puede monitorear si las gasolineras venden más combustible del que compran.¿Se le puede hacer trampa a esta tecnología? Sí, pero para hacerlo se necesita ayuda desde, adivinó usted, Pemex. Esto explicaría la toma del ejército y la marina en varias instalaciones estratégicas de Pemex. Estarían en una especie de auditoría que permitiera detener el problema de raíz.

Si al principio hubo secrecía para evitar que los corruptos se pusieran en guardia, se entiende. Pero cuando las consecuencias colaterales se hicieron evidentes, ¿no era momento de comunicar? Si hay reparaciones en los sistemas de irrigación de agua, las autoridades avisan que escaseará con antelación razonable y los ciudadanos, enojados y todo, tomamos medidas; lo mismo pasa cuando en la zona metropolitana hay contingencias ambientales, ¿por qué no con la carencia de gasolina?

Supongo que más del 99% de los mexicanos somos empáticos si se trata de frenar la corrupción en Pemex. La empatía disminuiría si las medidas afectan la vida cotidiana, pero habría comprensión, sobre todo si se explican los detalles. ¿Pero qué ha pasado? El presidente, su vocero y la jefa de gobierno de la CDMX han insistido en que no es desabasto, sino ‘retraso’ ¿en serio quieren hacer de esto una discusión semántica? No hay gasolina, punto. ¿Es por compras de pánico? Puede influir, sin duda, pero si salieran a decir claramente una fecha en donde el suministro se regulariza, los ciudadanos evitaríamos compras de pánico. ¿Es por un ducto saboteado que impidió el abasto en la CDMX? Ok, concedamos el beneficio de la duda, pero el desabasto en el resto de los estados ya va para un mes ¿por qué ocurrió y ocurre? ¿Por otro ducto saboteado? ¿Cuándo se regularizará la distribución?

En lugar de tomar el toro por los cuernos en la comunicación, han dejado que los simpatizantes hagan rounds de sombra en las redes sociales, y por lo tanto que los detractores radicalicen el discurso, con la población más desinformada tomando partido sin sentido y sin datos confiables. El problema es real; el desabasto está afectando la economía de la gente en los lugares que padecen el problema desde hace varios días; incluso puede agravar la inseguridad si los vehículos policíacos no tienen capacidad de reacción. Someterlo a una lógica de chairos contra fifís es absurdo y ahí, para superarlo, necesitamos al gobierno.

* Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de ‘HuffPost’ México.

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